22/06/2023
Dar masajes es dar amor.
El trabajo comienza ante el primer contacto visual, leyendo sus manos, sus ojos, su voz. Buscando sus costumbres, su sueños, sus principios, sus expectativas. Eso nos ayudará a orientarnos en el “como”… como lograr confort, confianza, como iniciar el “contacto”.
Con el aceite o crema elegida, ese "aislante" o “guante invisible”, nos permitirá tomar contacto “blanco” contacto de “curación”, primero con su piel, pero nuestro principal objetivo es lograr un estado de calma interior. Tratar de generar una sensación de relax corporal es el primer paso, alineando y destrabando, hasta poder explorar y visualizar la estructura corporal interna, comunicándose con los tejidos más profundos, músculos, tendones, órganos, centros y canales de circulación de energía, y así llegar a trabajar sobre la armonía emocional, luego el equilibrio, energético-espiritual, sin que esto parezca esotérico, mágico, demostración de poder o de entidad superior. Solo alinear y destrabar para que la armonía y el equilibrio surjan en forma natural.
Dejando bien en claro que en el mejor de los casos somos “canal” porque el destino logró el encuentro, pero que nuestros “poderes” son iguales al de cualquier mortal… no nos destacamos en nada solo sabemos “tocar” y presionar en el lugar adecuado, nada más… eso también es parte del servicio, tratamiento o recuperación… Elevará su autoestima, liberándonos del sobre peso que surge en una relación equivocada.
El cuidado y el respeto de cada encuentro logran una relación de confianza mutua que facilita cualquier tratamiento.
Involucrarse no es bueno en ninguna profesión, ya que la cantidad de receptores a veces supera nuestra capacidad de asimilación, pero ocuparnos de su salud requiere nuestra total atención, estar pendientes de sus posturas y movimientos, del “revoleo” de sus ojos cerrados, del relax en sus manos, de la línea de sus hombros, de cualquier movimiento en sus rasgos de expresión, de la alineación vertebral, de la posición en la camilla, del color de sus mejillas, de los distintos estados de la piel, de su voz, del contenido de sus narraciones, de sus silencios, de su respiración … esa conexión … solo se logra con amor y ese amor es profesionalismo puro…
Es así que “MASAJISTA” es igual a amigo, confidente, consejero y a veces el mejor consejo surge de escuchar… solo escuchar…
Te saludo colega, como también saludo al “amigo del masaje” ese que nos hace felices con su visita semanal… No le temas al Amor… Pues Dios es Amor… Amen.
Sergio Ayrala
Agrupación de Terapeutas Corporales