09/04/2026
¿Cómo se sienten hoy? ¿Y cómo se han sentido en los últimos días?
Se los pregunto desde el alma, porque siento que muchísimas personas han atravesado estados extraños en este período, estados pesados, opresivos, un cansancio sin motivo aparente, falta de ganas, falta de voluntad, inquietud interior, quizá incluso tristeza o irritabilidad que no parecen venir únicamente de ellas mismas. Y quiero decirles algo muy importante: no son débiles, no están “rotos” y no son los únicos que están sintiendo esto. Ha habido, y todavía hay, fuertes ataques energéticos en este tiempo, y su propósito es muy claro: apartar su atención de ustedes mismos, de su alma, de su misión, de su camino.
No sé si lo han notado, pero a nuestro alrededor ya casi no se habla de otra cosa que no sea la guerra, Trump, la caída económica, el miedo, el caos y todo aquello que podría empujar al ser humano a un estado de pánico, impotencia y abandono interior. Todos estos mensajes repetidos, todas estas noticias que fluyen sin descanso, todos estos escenarios oscuros no son casuales. Están destinados a mantenerlos en una energía baja, a hacerles olvidar quiénes son, a alejarlos de su luz interior y a hacer que, poco a poco, bajen las armas.
Por eso hoy les digo, con todo el corazón: no tengan más miedo. No se dejen asustar. No se dejen adoctrinar por todo aquello que se derrama cada día sobre la mente de las personas. Si pueden, apaguen el televisor. Detengan las noticias. Dense una pausa de todo lo que intoxica su alma y oprime su mente. No les hace bien. No los nutre. No los ayuda. Al contrario, los debilita exactamente allí donde deberían ser más fuertes que nunca.
En lugar de eso, vuelvan hacia ustedes mismos. Escuchen subliminales, si sienten que les ayudan. Busquen en YouTube meditaciones, oraciones, música que los serene, aquello que cada uno sienta que lo eleva y lo sostiene. Enciendan una vela. Salgan al aire libre. Respiren. Oren. Bailen. Canten. Hablen con belleza. Hagan bromas. Rían. Intenten mantener viva el alma, porque eso es precisamente lo que se desea que pierdan: la vida que hay en ustedes, la alegría que hay en ustedes, la fuerza que hay en ustedes.
Y quiero decirles algo más, porque siento que esto también se está activando con mucha fuerza en este período: es posible que sientan la tentación de discutir con quienes los rodean. Que todo les moleste. Que nada les parezca bien. Que se irriten con facilidad. Que sientan que estallan de la nada. No caigan en esa trampa. No discutan. No permitan que esta energía pesada entre en sus hogares y en sus familias. Recuerdo muy bien que, cuando era niña, en épocas de fiesta, muchas veces surgían discusiones en mi familia. Siempre parecía haber algo que no agradaba, como si siempre apareciera una tensión justo en el momento en que debería haber paz y alegría. Y solo más tarde comencé a comprender que es precisamente en esos momentos cuando las personas son más fáciles de desestabilizar.
Las fiestas, este período, la vida misma, deberían ser una ocasión para el acercamiento, el amor, la reconciliación y la luz, no para el escándalo, el reproche, los nervios y las palabras duras. Por eso les pido de corazón: si sienten que están a punto de reaccionar, deténganse un instante. Respiren. Guarden silencio si es necesario. Salgan un momento de la habitación si sienten que se están alterando. Pero no alimenten esa energía.
Y aun si sienten que ya no tienen voluntad, que no pueden más, que no tienen ganas de hacer nada, les pido que hagan algo de todos modos. Aunque sea poco. Aunque al principio sea forzado. Levántense de la cama. Dense una ducha. Salgan a tomar aire. Pongan música. Muevan el cuerpo. Hagan algo pequeño, pero háganlo. Porque es precisamente a través de estos gestos, aparentemente pequeños, como atraviesan esta energía y ganan ustedes la batalla, no aquellos que quieren verlos débiles, asustados y sin fuerza.
Hasta entonces, les dejo esto:
No se rindan.
No se dejen arrastrar hacia la oscuridad de los demás.
No olviden quiénes son.
No olviden que tienen un alma que merece paz, luz y verdad.
Y, sobre todo, no olviden que en el momento en que vuelven hacia ustedes mismos, hacia lo que verdaderamente son, ya han salido de la mitad de la trampa.
ADIR