06/08/2025
🗨️💬 CONVERSACIONES QUE SALVAN:
Conduzco una ambulancia. Suben personas, bajan personas. Algunos van con miedo, otros en silencio, algunos apenas pueden sostener la mirada. Otros se rompen por dentro sin hacer ruido. Y yo, desde mi asiento, desde este lugar donde soy más que un técnico, les hablo.
No me gusta el silencio lleno de angustia. Prefiero romperlo con una pregunta, una palabra, una broma, si se puede. Porque sé que a veces cinco minutos de conversación valen más que mil calmantes. Me encanta hablar con ellos, escuchar sus historias, sus batallas.
A veces no dicen mucho, pero lo poco que sueltan..., dicen todo. Un hombre que perdió a su mujer, una mujer que ya no reconoce su cuerpo en el espejo, un chico que no sabe si quiere curarse o desaparecer, un anciano que no tiene a quién esperar. Y yo, ahí, sujeto al volante... pero también atado a sus palabras.
No los salvo, no puedo, pero sí puedo mirarles a los ojos sin miedo. Puedo decirles: "te escucho", sin fingir, puedo reírme con ellos, cuando se puede. Y cuando no se puede, puedo simplemente estar. Y eso, muchas veces, es más de lo que han tenido en mucho tiempo. No todos me cuentan su vida, pero a veces, en medio de un traslado cualquiera, surge una frase que me atraviesa el alma. Un "gracias por hablarme como persona," un "hacía tiempo que no me reía," un "pensé que este día sería peor." Y entonces entiendo que mi trabajo no solo es llevar cuerpos, es sostener dignidades.
Me encanta hablar con ellos. Y a veces, cuando bajo del vehículo al final del día, me llevo más historias que kilómetros, me llevo trozos de humanidad, pedazos de personas que, por un momento, dejaron de ser pacientes y volvieron a ser simplemente eso: personas.
Pero por otro lado..., está mi historia, una historia de errores, de heridas, de culpa, una historia de alcohol, de pérdidas, de soledad, una historia que no siempre quise mirar de frente..., pero que hoy no escondo. Porque esa historia, por dolorosa que sea, es la que me enseñó a no juzgar, a mirar con compasión, a entender que todos tenemos algo que nos pesa. Mi historia me hizo más frágil..., pero también más verdadero. SI SE PUEDE, CLARO QUE SÍ
J.A.S.C.